Desde hace un año aproximadamente, se habla cada vez más y con mayor fuerza, de Smart TV, televisión conectada, televisión inteligente. Pero la conversación está virando, y no tan lentamente cómo parece. Los aspectos fundamentales y claves en la decisión de compra de un televisor en el consumidor español continúan siendo el tamaño y las características técnicas. Poco a poco se ha ido asumiendo cómo básico que los televisores deben tener entrada de internet (y/o wifi), deben ser LED o LCD, y tener entradas HDMI, DVI, VGA, … de igual manera que en el pasado asumíamos como básico que un televisor tuviese entrada de Euroconector.
Ahora todo está orbitando en torno a la conexión a internet. La tele ya es interactiva definitivamente y el canal de retorno queda completamente implantado en una conexión de alta velocidad en la que el mercado competitivo es tan abierto cómo lo que pueda ofrecerte internet. Sin embargo, cuando hablamos de televisión hoy, seguimos hablando de un mercado de masas. Cuando hablamos de internet, tenemos claro que es un medio masivo, pero tremendamente segmentado en cada conexión y aún más en cuánto a consumo audiovisual.
Es entonces cuándo, en una televisión con una barbaridad de posibilidades, la pregunta a subrayar en torno al aparato es ¿voy a querer un proyector/monitor o un motor de entretenimiento?
Las nuevas tendencias de consumo audiovisual
Muchos somos los que hace años fuimos dejando la televisión convencional bastante de lado, principalmente por el arcaísmo del medio, en el fondo enclavado en férreos formatos de entretenimiento audiovisual que hoy sólo representan una opción más en el universo audiovisual en el que se encuentran. Programas de 60 minutos, directos planteados para rellenar tiempos, contenidos tematizados pero planteados para una masa de espectadores común pero heterogénea, guerras de competencia, parrillas programáticas… por supuesto, hablo de televisión en abierto. Encender y sentarte a ver.
En este sentido, el televisor para un espectador que busca esta experiencia seguirá siendo un proyector convencional, regido por programadores de la industria televisiva convencional.
La competencia de las cadenas de televisión en abierto ya no se limita a las grandes de la TDT. Ahora son Youtube y Vimeo. La competencia de las televisores temáticas de pago es Youzee, Filmin, Wuaki (cuando sean mucho más conocidas y arranquen con gran fuerza), iTunes, Megaupload, Megavideo y todas las producciones y programas independientes tipo Malviviendo.
El espectador siempre fue raro. Y cada vez lo es más.
Televisión es lo que te apetece. No es una obligación. Es un placer. La realidad es que si me apetece ver contenido sobre ski, quizás las última opción que me plantee sea buscar un programa o reportaje que me hable sobre ello en televisión en abierto, e incluso en televisión de pago (un Extreme Sports Channel o Eurosport 2, por ejemplo). Cuándo quiero este tipo de contenido inmediatamente pienso en videos sobre nieve muy bien realizados en Vimeo, luego busco publicaciones que hablen sobre ski, después investigo en Youtube y quizás por último, acabe buscando a ver si hay algo en televisión. Probablemente desde el punto uno de mi ruta de búsqueda, ya esté saciado.
Estas ya son palabras muy antiguas y no estoy contando nada nuevo. La realidad es que hemos llegado a ese punto en el que ya hay contenido audiovisual suficiente. Cualquier productor hoy tiene cabida en cualquier parte del mundo y los límites no están marcados por la tecnología, si no por la creatividad y en segunda barrera, por el idioma.
¿Hacia dónde debería focalizarse la televisión inteligente?
El consumo audiovisual inteligente, para mí, debería estar centrado en un motor de entretenimiento personalizado para audiovisual. Smart TV te ofrece acceso a todo, pero no se trata sobre una cuestión de acceso al contenido, si no de conocimiento y descubrimiento activo sin llegar al peligroso punto de abrumar al espectador.
No he probado aún Google TV, pero quizás el hecho del “todo aquí” llegue a abrumarme en su experiencia televisiva. Es cómo cuando entras en Google y buscas “ski” y te salen aproximadamente 429.000.000 resultados. De la página dos no voy a pasar. ¿Me estoy perdiendo algo realmente que me interese? Tengo acceso a todos los videos, pero me encuentro incapaz de clasificar entre lo que me resulta útil y lo que no. Debo conformarme con “si me quedo audiovisualmente saciado” o “no encontré todo lo que busco”.
Para mí Smart TV no se trata de que me den acceso a todo el contenido. Es algo que debo dar por hecho en esta era audiovisual, sea la modalidad que sea (VOD, suscripción tipo Netflix, pago individual, acceso gratuito, televisión a la carta, directo). El verdadero valor de la televisión inteligente es el conocimiento del espectador y saber sugerirle y ofrecerle contenido de forma directa y útil, sin prisas ni agobios de ventanas de explotación, targetizado, adecuado al momento y estado de ánimo, así como a los gustos individuales.
Una televisión inteligente no debe ser un proyector/monitor del contenido elegido. Debe ser algo más que eso. Ir más allá de una puerta abierta. Un compañero de experiencia con posibilidades casi infinitas y sin barreras que le apetezcan al espectador. En el fondo, no deja de ser otro consumo de internet.
La verdad es que la tele conectada es el futuro. A ver cuando terminan de triunfar los sistemas de video bajo demanda, y nos podemos hacer una TV a la carta sin necesidad de piratear nada. Que anda que no están tardando…